De manera que, si bien es cierto que Miguel Mancera tenía aspiraciones de ser el presidenciable de la coalición opositora…

BENITO VAZQUEZ 16 diciembre, 2017 0
De manera que, si bien es cierto que Miguel Mancera tenía aspiraciones de ser el presidenciable de la coalición opositora…

Sin desestimar las tensiones que debió generar el acuerdo interno a favor de la precandidatura presidencial de Ricardo Anaya…

Miguel Mancera de frente en el Frente…

El jefe de Gobierno de la CDMX se prepara para desempeñar un papel relevante en la coalición PAN-PRD-MC, Por México al Frente.

Como artífice de la idea de caminar hacia 2018 con un bloque opositor dispuesto a un gobierno compartido, Miguel Mancera sigue siendo en el día con día un operador clave del Frente.

Así que no será casual que en el arranque del próximo año, el gobernante capitalino se convierta en el coordinador de la campaña frentista.

No se trata de que al principal político del PRD le hagan un hueco en la estructura de la coalición PAN-PRD-MC. No. Porque en los hechos, Mancera es parte de su dirigencia tripartita.

Y es que las versiones que dibujan al gobernante de la CDMX al margen del Frente, pronto habrán de descarrilarse, como sucedió con aquéllas que lo dieron  por muerto, aun cuando eran las mismas que nunca le concedieron vida.

Por supuesto que en la coexistencia de los liderazgos de las tres fuerzas partidistas, ahora en coalición, hubo y habrá rivalidades, pugnas y pleitos. Estamos hablando de políticos, y no de las carmelitas descalzas.

Y es que a diferencia de los partidos pequeños que se anexan al PRI y guardan silencio en torno a los desacuerdos, entre los frentistas la disputa por ganar espacios y definir estrategias tendrá siempre una pista en el terreno público con declaraciones y filtraciones a la prensa.

Pero, ojo, como bien nos advirtió el panista Santiago Creel horas antes de que el Frente se materializara, lo que se expone a los medios es una parte ínfima, y no necesariamente la más importante, de lo que transcurre en las mesas de negociación entre los tres partidos.

De manera que, si bien es cierto que Miguel Mancera tenía aspiraciones de ser el presidenciable de la coalición opositora, también lo es que el acuerdo de fondo —el no publicado— de las dirigencias del PAN, PRD y MC era que esa candidatura sería para un panista, por el peso electoral de ese partido.

Sin desestimar las tensiones que debió generar el acuerdo interno a favor de la precandidatura presidencial de Ricardo Anaya, su destape, el domingo 10 de diciembre, dejó en claro que, al respecto, hubo un cierre de filas de las expresiones perredistas, incluida la afín al jefe de Gobierno, representada ahí por su operadorHéctor Serrano y el recién designado dirigente del PRD, Manuel Granados.

Dicho relevo, el de Granados en lugar de Alejandra Barrales, también confirmó el liderazgo que Miguel Mancera comparte con las llamadas tribus perredistas en la conducción del partido.

Porque esa es una peculiaridad del PRD: funciona como una confederación de expresiones partidistas —Nueva Izquierda, ADN, Foro Sol, Galileos, IDN y Vanguardia—, donde gobernadores y legisladores cuentan en las definiciones y en el reparto del juego electoral.

Así las cosas, en las horas definitorias para concretar el Frente, se pactó que Anayasería el abanderado presidencial y que en la dirigencia perredista, el jefe de Gobierno tendría mano, como también la tendrá en la conducción del proceso para definir al candidato frentista a la CDMX.

Pero a diferencia de lo que sucede en otros partidos, donde las imposiciones de las cúpulas son posibles gracias a sus estructuras, en el PRD hay un reparto permanente de incentivos y espacios.

Esa dinámica perredista es la que llevó a Andrés Manuel López Obrador a crear Morena, partido que inicialmente fue una asociación política y que, de manera paralela al PRD, promovió su candidatura presidencial en 2012.

AMLO se cansó de esa plataforma de pesos y contrapesos en la que tenía que negociar propuestas y definiciones, cuando en la práctica su carismática figura le daba oxígeno y votos a los perredistas.

En su momento, el entonces jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, quiso tomar las riendas del PRD a través de Armando Ríos Piter. Pero en la interna por la dirigencia fue apabullado por las tribus.

Ya sin López Obrador en el partido y después de esa especie de parricidio que protagonizó contra Ebrard —quien lo impulsó a la candidatura para el gobierno capitalino—, Mancera aprendió a jugar el juego perredista y, en 2016, amarró la llegada de Barrales a la dirigencia.

Si bien ha corrido la especie de que la aspirante a la candidatura al gobierno capitalino traicionó a Mancera porque inclinó la balanza a favor de Anaya, lo cierto es que la reconstrucción de las negociaciones frentistas confirma que las corrientes aprobaron el reparto.

Por eso, el jefe de Gobierno desistió de buscar la candidatura presidencial y así lo informó hace una semana, acompañado de Cuauhtémoc Cárdenas.

La presencia del fundador del PRD en aquel anuncio no fue casual. Y es que el plan para 2018 es un Mancera en campaña a favor de las banderas de la izquierda y de un gobierno de coalición que las reivindique. Así que mientras las fake news dibujan a un jefe de Gobierno enojado con la coalición opositora, en la realidad cabildea con los personajes que irían al Senado por la vía plurinominal e intenta convencer aCárdenas para que se sume a lo que viene: Retener el voto perredista que Anayapor sí mismo no puede sumar.

Por supuesto que Mancera quiere frenar la ola de Morena en la CDMX. Pero su campaña será nacional, al frente del Frente. Lo contrario sería una mezquindad, un desperdicio, un peligro para todos los frentistas.

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