15 enero, 2021

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Defender la democracia liberal

Defender la democracia liberal

• Aquí no puede haber medias tintas. Lo sucedido es un golpe para una de las democracias liberales más antiguas del mundo. Nada menos que el intento de revertir los resultados de las elecciones presidenciales presionando a los legisladores en su recinto.

Imposible soslayar, en esta primera columna del año, lo sucedido el seis de enero en Washington, DC: la toma del Congreso de Estados Unidos por parte de una turba de simpatizantes del presidente Trump.

Hay muchos factores que analizar, pero comencemos con lo más importante: condenar el acto. Aquí no puede haber medias tintas. Lo sucedido es un golpe para una de las democracias liberales más antiguas del mundo. Nada menos que el intento de revertir los resultados de las elecciones presidenciales presionando a los legisladores en su recinto. Azuzados por las mentiras del presidente, sus fanáticos asaltaron el Capitolio con la intención de subvertir a las instituciones democráticas.

Sí, la democracia liberal tiene muchos problemas. Muchos ciudadanos se sienten excluidos y enojados con este sistema político. Pero, ¿cuál es la alternativa? ¿El autoritarismo?

Desde luego que no.

Bien lo dijo Churchill: la democracia es el peor sistema de gobierno con la excepción de todos los demás. ¿De verdad estarían mejor los estadunidenses con un Presidente que se queda en el poder porque una turba impidió que el Congreso declarara la victoria legal y legítima de su adversario? ¿Es Trump la solución a los problemas democráticos?

Podría decirse, y muchos lo piensan, incluyendo al presidente López Obrador, que éste es un problema que les incumbe sólo a los estadunidenses. Falso. Estamos en un momento histórico en que hay que tomar posiciones. O se está a favor de las instituciones democráticas o se está en contra.

Yo sí prefiero a la democracia que el autoritarismo. Una sociedad abierta, plural y liberal que una cerrada y controlada por el Estado. Creo que el poder debe tener contrapesos. Rechazo la idea de que un hombre (porque siempre son hombres, nunca mujeres) puede ser la “solución mágica” para resolver los problemas sociales de un país.

Hace años, en la Universidad de Oxford, escuché al ex primer ministro Edward Heath evocar los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos británicos no querían tomar una postura sobre los gobiernos fascistas en Europa. Mejor no meterse ni opinar sobre Hitler y Mussolini. Cuán equivocados estaban, decía Heath. El error de creer que estos dictadores no serían peligrosos para la paz mundial. Tuvieron razón los que, desde un principio, los condenaron y defendieron el sistema democrático liberal.

Decir, como afirma AMLO, que no hay que tomar una postura con lo sucedido en el Capitolio es, paradójicamente, tomar una postura a favor de este hecho execrable. No condenarlo es tolerarlo, como si fuera algo normal. No. Los gobernantes auténticamente democráticos deben defender, por principio, a la democracia liberal, tal como lo hicieron Boris JohnsonEmanuel MacronAngela Merkel y hasta uno de los mejores amigos de Trump, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

Hay que dudar de los que no se pronuncian o los que tratan de justificar, con argumentos sibilinos, la ocupación violenta del Capitolio. En el fondo, creo que les disgusta la democracia liberal. Se sienten más cómodos en un ambiente autoritario. Les agrada la idea del poder concentrado en una sola persona. Del iluminado, demagogo y populista que supuestamente encarna al pueblo. Cuán equivocados están. No valoran las libertades que gozan, entre ellas las de elegir a sus gobernantes.

Digámoslo con todas sus palabras: Trump es un autócrata que quiere quedarse en el poder sin haber ganado el voto popular ni del Colegio Electoral. Que mandó a un grupo de sus fanáticos a tomar el Congreso para impedir la proclamación de la victoria de Biden. Que juega con las reglas democráticas cuando le conviene, pero, cuando no, las rechaza.

Ojalá el Congreso de EU, efectivamente, lo enjuicie y le impida volver a ejercer un cargo público para, así, pagar su deuda con la democracia estadunidense. Es imperativo que haya una rendición de cuentas. Que las instituciones ofendidas, como el Congreso, custodien la división de poderes.

Es cierto: existen ciudadanos que se sienten decepcionados con la democracia. Pero eso no justifica un intento de golpe de Estado como el que vimos la semana pasada. Lo que hay que hacer es reconocer la fuerza del trumpismo y reformar el régimen democrático para integrar a los que se sienten excluidos.

Los que sí creemos en la democracia liberal debemos defenderla aquí y en China. En Estados Unidos y Rusia. En Chile y Cuba. En Israel e Irán. Porque este sistema de gobierno es el mejor de todos. De eso, no tengo la menor duda.