15 enero, 2021

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Deshonra

Deshonra

Sorpresivo, sí; sorpresa, no. Años de advertencias y amenazas, como aquí. Diferencias hay muchas. Pero una coincidencia es innegable: la degradación de la política. Lección: los depredadores terminan mal, pero en su locura pueden arrastrar a una nación. En esas estamos.

1.- Ostentoso desprecio por la ciencia. Del calentamiento global a las energías limpias o el cubrebocas. Ambos la desafían olvidando que toda democracia liberal se sustenta en la ciencia. Con qué pretendía Trump y se pretende aquí suplantarla. Con prejuicios y escapularios. A la corta las mentiras engatusan y cimbran a las democracias. A la larga sólo la ciencia es una guía confiable. Cuántos muertos en Estados Unidos y en México se deben al menosprecio científico. Dos de los países con las peores evaluaciones coinciden el tipo de liderazgo. Hoy esperamos la vacuna producto de la ciencia.

2.- Vanidad. Ambos transformaron una execrable debilidad en una estrategia de venta. Se venden como superhombres, redentores, los mejores, siempre los primeros y la gente lo compra. La vanidad vende bien. Cómo defenderse de esta estirpe: desnudando sus debilidades, que son muchas.

3.- Simplismo. En la sociedad del vacío, como la denominó Lipovetsky, lo simple infecta a las mentes. La comodidad corrompe: los auténticos estadunidenses en contra de los traidores o los liberales vs. conservadores. Por favor, no piensen demasiado, nuestros problemas son muy evidentes y las soluciones también: corrupción, a barrer de arriba para abajo. Make America great again.

4.- Lambisconería vs. profesionalismo: ambos no toleran discrepancias, mejor rodearse de incondicionales. Resultado: una autocomplacencia suicida.

5.- Desprecio por el mundo. ¿Para qué mirar a otras latitudes?, nada tenemos que aprender, somos grandiosos por definición. El complejo andamiaje internacional no nos ayuda, mejor darle la espalda. Son gemelos. Pero el mundo está allí y, a la larga, prevalece, aunque les moleste.

6.- Manipuladores. Qué mejor que montarse en las redes sociales y azuzar las diferencias, el odio. Gobernar instigando la intriga, los complots, las amenazas, una paranoia colectiva que a muchos enardece. El único problema es controlar el incendio provocado. Allá, la supremacía blanca; aquí, el odio de clases. Al final, el fuego los abraza a ellos también.

7.- Instituciones. Los dos se han creído con una superioridad tal que las instituciones podían ser doblegadas. Allá, dando instrucciones en Georgia para inventar votos o lanzándose contra el Colegio Electoral. Aquí, intimidando a los órganos autónomos a pesar de que el capricho no tiene viabilidad constitucional. Instituto Nacional Electoral, Inai, Cofece, IFT, CNDH y los que sean necesarios estarán allí contra la furia destructiva.

8.- Deshonra. El prepotente inquilino de la Casa Blanca cambió de giro en el momento en el que se mentó la posibilidad del impeachment o la enmienda 25, casi imposibles. Pero lo que ya no puede revertir es pasar a la historia como un payaso muy peligroso. Aquí no tenemos enmienda 25, pero sí la revocación del mandato en el 22. Son sólo 18 meses con pandemia, colapso económico y desprestigio galopante. Corren apuestas.

Le ocurrió a una de las democracias más antiguas, pero la sacudida no será olvidada. El votante llevó a un clown a la Casa Blanca. El clown no cambió a pesar de las múltiples presiones internas y externas. Sólo frente a la deshonra corrigió. Demasiado tarde. Les llegó la disyuntiva: de qué lado de la historia situarse. Pence, el cómplice, y una docena de senadores llegaron hasta el final. El poder de la deshonra los detuvo: quien atente contra la democracia recibirá una severa condena moral.

Allí está la lección para los mexicanos: en el 2021 está en juego la honra personal y colectiva. Todos a defender nuestro aparato electoral, las normas de equidad que trabajosamente nos hemos dado y al INE, el rostro más visible. No nos llamemos a engaño, las amenazas han sido múltiples. D. C., no fue sorpresa.

Apostemos al poder de la deshonra.