5 marzo, 2021

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No es la energía es la ideología

No es la energía es la ideología

A 65 kilómetros al norte de Detroit, setecientos metros bajo el suelo calizo del oriente de Michigan, se encuentra el mayor almacenamiento de gas natural en Estados Unidos.

La instalación Washington 10 de la compañía DTE Energy, en el condado de Macomb, puede guardar hasta 68 mil 500 pies cúbicos del hidrocarburo, más de 80% del gas natural que se consume al día en Estados Unidos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, ese país comenzó a guardar gas natural en pozos petroleros agotados, minas, acuíferos y cavernas. Actualmente, existen 418 depósitos de ese tipo, de los cuales 390 están activos. El Departamento de Energía publica semanalmente los niveles de almacenamiento de gas, la principal fuente de generación de electricidad en EU desde 2015. En su último reporte, las reservas eran de 2.5 billones de pies cúbicos, equivalentes a casi un mes de consumo.

Eso es lo que México no tiene: capacidad de almacenar gas para ser utilizado en momentos de escasez en el mercado.

Nuestro país consume unos 2.9 billones de pies cúbicos de gas natural al año –menos de la décima parte del consumo de Estados Unidos, que es de 31 billones– e importa alrededor de 70 por ciento desde aquel país. El gas natural es la principal fuente para la generación de electricidad, pues, en 2019, 61% de la electricidad del país se generó con ese combustible, según el Centro Nacional de Control de Energía.

La reciente contingencia climática en Estados Unidos, que disparó el precio del gas, mostró lo vulnerable que es nuestro país, dada su alta dependencia del gas natural estadunidense. Bastaron tres días para que la producción de electricidad entrara en crisis y se suscitaran apagones en diversos estados, que han causado pérdidas a la industria manufacturera por dos mil 700 millones de dólares.

A diferencia de EU y otros países, México no ha creado una capacidad de reserva de gas natural que le permitiera hacer frente a una escasez temporal del combustible. “No existe un plan B ante un problema como el que acabamos de vivir” me dijo ayer en la radio Adrián Calcáneo, analista del sector energético y director para América Latina y el Caribe de la consultoría IHS Markit.

“Ésta es una gran oportunidad para evaluar las políticas públicas en la materia y pensar en la diversificación de la matriz energética y el almacenamiento. Se ha querido ver a las plantas de combustóleo y carbón como las alternativas, pero éstas son contaminantes y tardan mucho en encender. Se necesita una mayor capacidad de respuesta”.

El problema, como sucede con muchos temas, es la visión ideológica del gobierno federal, que no deja margen de maniobra. Se quiere ver en la autosuficiencia energética un fin en sí mismo.

Ayer, en su conferencia matutina, el presidente Andrés Manuel López Obradorvolvió a poner el acento de la necesidad de ser autosuficientes en petróleo y gas y dijo que “durante el periodo neoliberal” se había renunciado a la producción del gas natural porque la importación producía moches.

Si en el pasado hubo actos de corrupción en la importación de gas, debieran investigarse y castigarse. Pero la realidad es que los bajísimos precios que normalmente tiene ese combustible en Estados Unidos hacen más rentable importarlo que producirlo, sobre todo si se considera que el proceso por el que se extrae allá –el fracking– ha sido rechazado por López Obrador.

Queda, entonces, vencer la resistencia ideológica a fuentes alternas de energía, como el sol y el viento. Pero a juzgar por la iniciativa que el Ejecutivo envió al Congreso para reformar la Ley de la Industria Eléctrica, se está apostando por reforzar el predominio del Estado sobre la generación.

Desde 2019, el Consejo Coordinador Empresarial había señalado que México necesitaba desarrollar una capacidad de almacenamiento de gas de al menos dos semanas, pero el consejo no ha sido atendido.

Ahora, ante los apagones, tenemos que mandar traer el gas en barco, para apenas asegurar lo suficiente para dos días.

Las crecientes necesidades de electricidad del país y la ineludible dependencia del gas estadunidense hacen que la única salida sea quebrar las resistencias ideológicas, diversificar las fuentes de energía y crear capacidad del almacenamiento.