No matarán a ningún candidato o líder partidista; obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza…

BENITO VAZQUEZ 4 abril, 2018 0
No matarán a ningún candidato o líder partidista; obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza…

“Guerrero está en manos de los narcos”, El obispo que pactó con el narco “la paz” de un pueblo…

El obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, sigue en su ruta de confluencia con los jefes del narcotráfico en la entidad.

Ahora asegura que se reunió con ellos y que le aseguraron que no matarán a ningún candidato o líder partidista, siempre y cuando “no haya compra del voto” y que los ganadores de los comicios “cumplan sus compromisos de campaña”.

Y al obispo le parece una noticia tan buena que la da a conocer con bombos y platillos. Dice, también, que por lo menos tres líderes del narcotráfico en la entidad le aseguraron que ellos “son narcotraficantes, pero no sicarios”, (sic) y asegura que entre ellos “hay gente de buena voluntad”.

Lo está asegurando el obispo en uno de los estados más violentos del país, donde esos cárteles, que dice que están encabezados por personas de “buena voluntad” y que no se reconocen como sicarios, han matado, sólo en lo que va de este año, a más de 400 personas, incluyendo dos sacerdotes de su propia diócesis.

Pero, como decíamos en este espacio apenas el 22 de febrero pasado, todo es posible cuando se ve al obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, de la mano con los narcotraficantes, oficiando misas para ellos y justificando sus acciones al tiempo que denuncia a las fuerzas de seguridad.

Para el obispo Rangel, “Guerrero está en manos del narcotráfico. Hay un gobierno oficial, pero yo creo que ordenan las cosas otras personas.

Yo incluso me atrevo a decir que esas personas (o sea los narcos) me hablan de una supermafia arriba y ése es el peligro que corremos… arriba de las cosas locales, usted sabe, hay grupos internacionales”.

El obispo acepta haberse reunido en varias ocasiones con los líderes de los grupos más fuertes del narcotráfico en su entidad, porque ellos, dice, “le piden su intervención para ponerse de acuerdo en cuanto a su forma de trabajar” o sea, es mediador, como un virtual padrino entre los cárteles.

Cuando esos acuerdos son quebrantados por alguno de los grupos es cuando, dice, se genera la violencia.

Hace apenas un mes y medio contábamos aquí cómo fueron asesinados dos sacerdotes de su diócesis cuando venían de una fiesta con narcotraficantes (del cártel de Los Ardillos), donde se exhibieron incluso con las armas de fuego de los narcos.

El obispo Rangel aceptó que el padre Germaín, uno de los asesinados, sí se tomó fotos con las armas y los delincuentes, pero “esto no quiere decir que el padre estuviera coludido con la delincuencia organizada”.

Dijo que como tenía que oficiar misas donde operan los criminales, “de tanto ir y venir se hizo amigo de ellos”.

La amistad llega hasta el obispo, que la agradece públicamente.

Los Ardillos, en su tierra, en Tanicuilco, municipio de Quechultenango, como se puede ver en redes, le regalaron en diciembre pasado un báculo y un pectoral de plata, así como un anillo con piedras preciosas.

En reciprocidad, el obispo les ofició una misa.

Las relaciones de Los Ardillos son muchas, en Guerrero y en Morelos.

Los hermanos Iván, Pedro Antonio y Celso Ortega Jiménez son los líderes de la organización criminal: controlan Chilapa, Mochitlán, Quechultenango, Tixtla, Zitlala, Ahuacuotzingo y Acatepec en Guerrero.

Un cuarto hermano, Bernardo Ortega Jiménez, es candidato por el PRD en el distrito 24, y antes fue presidente municipal de Quechultenango, diputado local y nada menos que presidente de la comisión de gobierno del congreso del estado en la pasada legislatura local.

Son un cártel con fuertes intereses políticos en Guerrero y en Morelos.Originalmente eran parte de los Beltrán Leyva y luego de los Rojos, pero rompieron con éstos y se acercaron a los Guerreros Unidos, los mismos que mataron a los estudiantes de Ayotzinapa.

Se dedican, además del narcotráfico, al asalto de camiones repartidores de cerveza, pan, refrescos, a las extorsiones y robos. Actualmente controlan buena parte de la producción de amapola en La Montaña, aliados con los sucesores de los Beltrán Leyva.

Por cierto, el obispo Rangel, antes lo fue de Huejutla, Hidalgo, tierra de Los Zetas en su momento. Allí el obispo Rangel está imputado por encubrir al sacerdote Reinaldo Chávez, acusado a su vez de la violación de una niña de 14 años.

La causa penal en la que se lo acusa de en cubrimiento es la 15/HUE/CAVI/104/2008.

El obispo Rangel, mientras tanto, sigue negociando nada menos que la vida y la muerte de su gente con los narcotraficantes que tienen asolada su diócesis.

El obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, estuvo en boca de todos: En los periódicos, en las estaciones de radio, en las conferencias de prensa, en el discurso de los candidatos… todos hablaron del sacerdote.

Unos lo lincharon, otros lo apoyaron y otros más, sigilosamente, se limitaron a cerrar la boca.

El Viernes Santo el obispo Rangel se reunió con un líder de la delincuencia organizada y dio detalles del encuentro.

Dijo que lo llevaron al lugar de la cita en un helicóptero que pagaron los habitantes de Pueblo Viejo, en el municipio de Heliodoro Castillo, gracias a una cooperación que hicieron.

La reunión se realizó no muy lejos de ahí, en la sierra, un territorio casi impenetrable para todos, hasta para las corporaciones policiacas.

Llegó hasta ese lugar para agradecer a un líder criminal por haberle devuelto la luz eléctrica y el agua a todo un pueblo.

Y aprovechando el viaje, dijo, le hizo una petición: Que no hubiera más asesinatos contra candidatos en este proceso electoral.

Todo esto lo contó el religioso el Domingo de Resurrección, al término de una misa en el mercado central de Chilpancingo.

El obispo Rangel llegó a la diócesis Chilpancingo-Chilapa en agosto de 2015.

Llegó a hacer su trabajo pastoral en un territorio que casi es el infierno: Chilpancingo, Chilapa, la Sierra y, desde hace unos meses, la Tierra Caliente.

En diciembre de 2017, el papa Francisco lo nombró también administrador de la diócesis de Ciudad Altamirano, en la Tierra Caliente, mientras nombraba a uno nuevo.

El obispo anterior de Altamirano, Maximino Martínez Miranda, dejó esa diócesis por la inseguridad: el crimen le mató a tres sacerdotes e intentó secuestrarlo.

En el territorio en el que predica Rangel operan las bandas delictivas más crueles de Guerrero: Los Rojos, Los Ardillos, El Cártel de la Sierra, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, Los Tequileros y Guerreros Unidos, de acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública del estado.

Desde que llegó a Guerrero, Rangel ha sido de los pocos críticos a la estrategia de seguridad gubernamental y de los pocos que nombra a las cosas como son.

Ha dicho que los narcotraficantes y los políticos están aliados; que dialogan en lo oscuro aunque lo nieguen en público.

“Sé de varias presidencias municipales que han estado impuestos los candidatos de parte del narcotráfico, como algunos diputados también, sostenidos por el narcotráfico (sic)”, ha soltado Rangel.

A las palabras del obispo se les puede poner rostro: José Luis Abarca, el alcalde de Iguala que puso la presidencia al servicio de Guerreros Unidos.

O el caso del “Tequilero número uno”, como Javier Olea Peláez, el fiscal general del estado, llamó al diputado local del PRI, Saúl Beltrán Orozco, a quien el Congreso del estado procesa por dos homicidios, uno de ellos de un sacerdote, y por darle protección a Raybel Jacobo de Almonte, el líder del grupo delictivo Los Tequileros.

Los encuentros del obispo con los criminales comenzaron a hacerse públicos este año. Pero el religioso ha dicho que iniciaron desde hace casi dos años.

Rangel fue el que estableció el primer contacto con un líder del narco. Un día, contó en una entrevista, un sacerdote le llamó para pedirle que interviniera para que no lo asesinaran.

La semana siguiente se apersonó en la sierra para pedirle al capo que no matara al sacerdote.

Después la hizo de mediador entre los grupos delictivos y, ahora, intervino para negociar seguridad para los candidatos.

Ha hecho públicos los encuentros, según su propio dicho, para que no lo acusen después de pertenecer a un grupo delictivo.

Sus palabras han molestado a muchos, sobre todo a los integrantes del gobierno de Guerrero.

Ha soltado cosas como estas: “Yo siempre he dicho: Guerrero está en manos de los narcos. La autoridad oficial ha sido sustituida por los narcotraficantes”.

Sus constantes declaraciones mantienen en vilo su vínculo con el gobierno de Guerrero. Recién en febrero las relaciones entre ambos se tensaron aún más, cuando el fiscal general criminalizó a dos sacerdotes que fueron asesinados en una carretera de Taxco.

Pese a todo, Rangel se ha mantenido en su posición: “En el gobierno dicen que no podemos dialogar con los delincuentes. ¿Por qué hablar de buenos y malos?, yo les pregunto. ¿Quiénes son los malos?”.

Como fraile franciscano, dice Rangel, sólo intenta hacer lo que San Francisco de Asís hizo, según el poema de Rubén Dario, “Los Motivos del lobo”.

Según ese relato, el religioso decide ir en busca de un lobo que está matando ganado y atacando a la gente de una villa. Habla con él y el lobo le explica por qué hace lo que hace. Al final, San Francisco de Asís lo convence de que se pacifique.

Rangel, con sus claras diferencias, recuerda a otro obispo, Girolamo Prigione, el controvertido ex nuncio apostólico en México que se reunió con los hermanos Arellano Félix, líderes de Cártel de Tijuana, a principios de la década de 1990, en tiempo Carlos Salinas de Gortari.

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